DESCRIPCIÓN DE UN ESPACIO: “Maribel”
Encontré los puestos de fotocopiadoras abarrotados y alborotados de muchos
estudiantes disputándose el orden para ser atendidos. Sin duda, aquel martes, yo
no tenía espacio para ocupar ni paciencia suficiente para quedarme. Abandoné el
lugar y vi atrás mío a otros jóvenes que renunciaban entre suspiros y rabietas,
como si sus hojas y sus libros también tuvieran la inexorable necesidad de
acabar con todo el trajín de ser fotocopiados. Entonces partí hacia “Maribel”.
El quiosco que brinda servicio de fotocopias lleva el mismo nombre que su propietaria
y si se observa más interiormente notaremos que también ofrece internet. A
primera vista nos percataremos que sus puertas de metal libremente estar
abiertas y entre cada una hay suficiente espacio como para que tres personas juntas
y al mismo tiempo pisen el suelo de mayólica de cuadritos de manjar.
Desde la primera vez que acudí a “Maribel” , siempre encuentro en su portón
,sentado, disponible y dispuesto a algún
ayudante , de los cuatro que hay, que me invita o pregunta algún servicio que
puedan ofrecerme.
Varias veces he percibido cansada a la señora Maribel como a las tres
paredes de color mayonesa que la acompañan en su puesto, todas estas están tapadas
la mayor parte por las computadoras, los estantes, los gruesos cables de conexión,
las altas torres de hojas que se acumulan al fondo de la habitación. La pared
de la derecha se encuentra descascarada por el tiempo y humedad, donde se puede
ver el ladrillo aun rojo y vivo.
Del techo se sujeta dos aros de luz que ampliamente iluminan el recinto
bombardeado armónicamente de los jadeos, cantares y berrinches de las maquinas
agrupadas en columnas de siete.
No hay villarelino del local central de la UNFV que no sepa dónde o quién
es Maribel, simplemente el que haya pasado por las aulas de la sede de Nicolás
de Piérola tuvo que ver o ingresar al menos una vez a imprimir o redactar un trabajo, buscar un libro o sacar una
copia.
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