Los escalones de Hermann Buhl
Hermann Buhl ascendió a los
cielos escalando. El austriaco concluyó su carrera a los 33 años en el monte
Chogolisa, donde desapareció en medio de una tormenta.
Considerado como uno de los
mejores alpinistas, Buhl tenía la costumbre de trabajar solo. Nunca nadie
estuvo a la altura de su resistencia frente a las adversidades climáticas y
tampoco de las cimas que había logrado llegar.
Una de sus últimas aventuras se desarrolló
en 1953, cuando por enésima vez un equipo alemán aspiraba escalar lo más alto
del monte Nanga Parbat. La expedición tenía al mando a Karl Herrligkoffer y
como mejor hombre a Buhl.
Después de un duro mes de
trabajo, el cuerpo había conseguido
subir 6150 metros, una altura considerable pero no suficiente para Buhl
, que con cuatro alpinistas más, omitieron
la orden de retirada de Herrligkoffer.
El austriaco y su compañero
Kemper acordaron subir hacia la cumbre durante la madrugada y solo se despertó el
primero, emprendiendo hacia su objetivo. Conforme escalaba empezaba a sentir la
crudeza del clima.
“Aquí ya no impera más el espíritu,
que no piensa más que en subir. El cuerpo hace ya mucho que no puede más”. Llevó consigo una cantimplora con infusión de
coca y un puñado de anfetaminas, suficientes para contrarrestar el hambre y sed,
más no para el agobio mental que arrastraba desde su salida. A pesar de todo
ello, continuo hacia la cima.
En su último descenso, cae
rendido más como honorable guerrero que en su condición de ser humano común y como en
lo primero se suele dejar rastros en la historia como en el cuerpo, Buhl
termina perdiendo dos dedos del pie.
Después de cuatro años, conseguiría
entrar a la inmortalidad en el tiempo cuando logra la primera ascensión al
Broad Peak acompañado de Kurt Diemberger. Son pocos los hombres como Buhl que
tocan el firmamento antes de partir para siempre y donde sea que esté no se
conformará de vivir en el suelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario